Papá, mamá… soy nómada

He perdido la cuenta de la cantidad de veces que me he mudado de casa. Me faltan dedos, incluso si cuento los de los pies.

También he cambiado muchas veces de ciudad, eso va en el lote. Y lo mejor de todo: sé que, seguramente, seguiré haciéndolo.

Si dicen, que digan…

Me acabo de mudar a Málaga. ¿Por qué? Porque sí. Porque me apetecía un cambio, porque lo necesitaba, porque me sentía estancada, porque ahora estoy a gusto aquí, porque el clima me sienta de lujo, porque estoy haciendo amigos, porque puedo… por qué no.

Hasta hace poco creía que esta necesidad de cambio casi constante era un signo de inestabilidad interior mío, que no terminaba de encontrar mi sitio, que cogí esa costumbre desde pequeña con las interminables mudanzas que viví en familia y no he sabido asentarme en un lugar…

Nunca ha faltado gente que me diga: “¿cuándo vas a estabilizarte y a tener los pies en la tierra? No se puede estar todos los días marchando.”  En cierta forma eso me hacía sentir mal. Cuando me dicen ese tipo de cosas siento que no va conmigo, que no es eso, aunque no sabía dar una respuesta contundente. Hasta hace unos días.

Recuerdo aquella vez, recién independizada -vivía en Granada por aquel entonces, año 2008-, cuando les dije a mis padres que me iba a vivir, a estudiar y trabajar a Madrid. Me hicieron sentir como si se me hubiera ido la olla: “¿Madrid? ¿Y dónde irás cuando te canses de Madrid, a Estados Unidos, a Canadá…? Tú tienes mucha sed de mundo…”. Pues mira, por una vez tengo que darle la razón a mi padre. Sólo que ahora saber eso no me hace sentir mal, sino orgullosa.

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Darme cuenta de que soy nómada es como salir del armario otra vez

Darme cuenta de que soy nómada es como salir del armario otra vez: me da tanta libertad ser yo misma aceptando cómo soy y sabiendo que eso no me hace mejor o peor que nadie. Que es una forma de ser que no tengo que cambiar. Simplemente tengo unas necesidades y estilo de vida distinto al de la mayoría.

Darte cuenta de que eres nómada es como salir del armario: hay chicas que saben que son lesbianas desde muy jóvenes, y otros nos dimos cuenta a los 24. Pues sí: he sido nómada toda mi vida y lo he sabido a los 31. Dicen que más vale tarde que nunca, si la dicha es buena 🙂

Los síntomas del nomadismo

Observando mi estado de ánimo cuando permanezco por una larga temporada en un lugar, me ha dado cuenta de que entro en una espiral de aburrimiento, desganas y depresión que se convierten en un pozo que me arrastra a mí con todos mis proyectos.

Me considero una persona que nunca deja de cambiar, y para mí el cambio no siempre es señal de inestabilidad: más bien es evolución.

Todo lo que sea nuevo, me hace sentir viva, prestar más atención a la vida, descubrir la belleza de cada detalle,cada lugar y cada momento único, incluso aquello que otros están acostumbrados a ver o les parece desagradable.

Sólo tenemos una vida, y andan diciendo por ahí que tenemos que elegir una cosa a la que dedicarnos, un lugar donde vivir… ¿sólo uno? ¿Por qué, dónde está escrito eso? Yo quiero conocer mundo, quiero hacer una amplia variedad de cosas a lo largo de mi vida, no limitarme a una sola… ¿Por qué tendría que conformarme?

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]Siento que viajar me despierta, me hace estar alerta, me activa, acelera mi mente… Descubrir tantas cosas, lugares y personas nuevas, multiplica mi potencial mental.[/dt_quote]

Por fin lo tengo claro: si necesito tener un lugar de referencia, ése será mi campamento base, pero no me pidáis que a nivel interior me sienta atada a un solo lugar. Podré tener una casa en Málaga, como la tuve en Córdoba, Madrid, Granada… pero volaré. Viajaré. Seguiré descubriendo sitios nuevos. El mundo es muy grande como para quedarse encerrada sólo en un rinconcito.

Envidio (de momento, que ya prontito los estaré imitando) a esos chavales, tan cercanos como un compañero de coworking, que viven viajando y traviajando por el mundo, que hoy están en Córdoba, mañana en Miami, Nueva York o San Francisco, pasado mañana asisten a un evento en Valencia y al otro día de nuevo los tienes al lado disfrutando de un buen desayunaCo (*dícese de los pedazo de desayunos que se montan en coSfera). Luego se van de vacaciones a Cuba o Thailandia, y no notas que sientan esa inestabilidad o desarraigo del que hablan otras personas.

Y yo aquí partiéndome la cabeza con la puñetera inestabilidad, cuando resulta que las veces que me echo mi mochila al hombro para viajar e improvisar, trabajando en un banco en un parque o frente a la playa me siento de puta madre. Yo también soy nómada mochilera. No necesito más.

¿Eres nómada? No estás sola/o.

Mi teoría sobre el nomadismo

Llevo un tiempo tomando perspectiva de la historia de la humanidad y siendo consciente de esta nueva moda de traviajar y los nómadas digitales, y cada vez estoy más segura de que estamos ante un momento de evolución evidente.

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Fotografía original de nomadadigital.com

Nuestros antecesores primitivos eran nómadas por necesidad de encontrar alimento y refugio. Según empezaron a crear inventos fueron estableciéndose hasta ser una sociedad sedentaria, rodeada de cada vez más comodidades, que es en la sociedad en que hemos nacido todos nosotros.

Ahora, como humanidad, estamos rompiendo las barreras que creamos fruto del sedentarismo: gracias a la tecnología que avanza a un ritmo vertiginoso, a internet, a nuevas posibilidades de generar ingresos con trabajos que no existían antes y que te limitan a hacerlos en un lugar; gracias a los medios de comunicación y la velocidad de los medios de transporte actuales, muchos límites están cayendo.

Estamos siendo testigos del calentamiento global, de las consecuencias negativas de las acciones irresponsables de la humanidad con la naturaleza y tomando consciencia de que este es nuestro hogar y debemos cuidarlo. Poco a poco pasamos del contraste de ciudades superpobladas a la vida rural, otra vez, pero ahora con muchos más conocimientos sobre el medio que nos rodea y con nuevas herramientas que nos permiten seguir llevando una vida cómoda.

Cre, por lo que observo, que la humanidad (o al menos una parte) está volviendo poco a poco al nomadismo. Quién sabe: lo mismo dentro de 100 años la humanidad se dividirá en dos clases: nómadas y sedentarios. Los que prefieren una estabilidad y seguridad vinculados a un lugar físico, y los que nos sentimos más aventureros y fluimos con la naturaleza viviendo constantemente experiencias nuevas.

Esta perspectiva que explica muchísimas cosas sobre distintas formas de pensar de la gente.

No es lo mismo viajar que ser nómada.

Viajeros siempre ha habido y seguirá habiendo, más aún con las facilidades que hoy nos dan los medios de comunicación y de transporte, cada vez más al alcance de cualquier bolsillo. La velocidad con la que se puede organizar un viaje y llegar de una punta del mundo a otra es acojonante.

Hace sólo 200 años era impensable cambiarse de país o continente, salir a explorar otro lugar por gusto, por vacaciones o por cambiar de modo de vida. Hoy se tarda sólo unas horas en conectar continentes y culturas tan diferentes…

Hay algo que hace inconfundible a nómadas y viajeros:

  • el viajero sale a forma de escape, para desconectar de su rutina, quizá para explorar mundos nuevos para saciar un poco de curiosidad (o por simple postureo, jajaja, de todo hay)
  • el nómada necesita estar en movimiento y formar parte del lugar donde va. No está “deseando volver”, porque allá donde va, está su hogar.

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]Mi hogar está allí donde estoy yo[/dt_quote]

Muchas series y películas de ciencia ficción futuristas reflejan sociedades nómadas, con asentamientos temporales. Yo que soy fan de Revolution, Divergente o Insurgente, por ejemplo, lo veo bastante claro: son nómadas esos personajes que, aunque tienen unas raíces vinculadas a un lugar, viven adaptándose al día a día. Se conocen a sí mismos, conocen las leyes de la física y de la naturaleza y evolucionan con ella.

Son nómadas aquellas personas que, si un día tienen que abandonar un lugar, están acostumbrados a decir adiós sin tanto dolor. Saben dejar ir a las cosas y a las personas. Saben que no se puede planear todo, son flexibles. Saben que, cuando dejan atrás un lugar, después la vida les seguirá sorprendiendo, y que la mejor forma de controlar la vida es dejarte fluir con ella.

Pero las personas que tengo como referencia no son personajes de ciencia ficción. Hay nómadas de carne y hueso, muchos. Quizá te suenen, por ejemplo, Ángel Alegre o mi colega Antonio Gé. Y puedes tirar del hilo, que hay muchísimos más, como Diana Garces de  Traviajar.es, Víctor de Surfeatuvida.com, Hana Kanjaa, los chicos de DNomad.Club, Nelson Mochilero y tantos más… Seguro que conoces a alguno o eres uno de ellos, espero leerte en los comentarios 😀

¿De dónde eres?

La pregunta del millón. Para mí esta pregunta, a estas alturas de la evolución humana, está un poco fuera de lugar. Cuando me preguntan de dónde soy, termino respondiendo con el estribillo de la canción:

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]Yo no sé de dónde soy, mi casa está en la frontera ;)[/dt_quote]

Si cuando me preguntas eso quieres preguntar que dónde nací te diré que en Granada. Pero ni tengo recuerdos, apenas estuve allí dos años.

Si te refieres a dónde me crié, viene a ser Pozoblanco.

Pero resulta que luego me fui a estudiar a Granada, Salamanca, Madrid, y he estado temporadas también en Asturias, Valencia, Córdoba, ahora Málaga, y aunque no he vivido en el extranjero, tengo amigos y compañeros de todas partes del mundo (Venezuela, México, USA, Centroamérica, Australia, Turquía, Rusia, Canadá…), tanto que ya a veces no sé qué idioma hablo, o suelto la expresión que mejor expresa lo que siento en el momento. Ni modo.

No me gusta limitarme a un solo lugar. Me siento cuidadana del mundo, y en cada lugar por donde paso hay un cachito de mi corazón.

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]¿Eres nómada también? ¿Cómo te sientes, y qué respondes cuando te hacen esta pregunta?[/dt_quote]

Otra pregunta del millón: “A qué te dedicas?”

Que te cuente su experiencia Aniko Villalba, directamente. Me pasa algo parecido, jajaja:

 

Lo que me enseñan las mudanzas

¿Quién inventó las cosas? Osú… Cada mudanza es una odisea, aunque voy aprendiendo y cada vez me mudo más rápido. Es genial cambiar de casa a menudo, así no acumulas cosas inútiles o que llevas años sin usar. Aunque otras veces, sobre todo cuando empiezas con una pareja, lo que haces es acumular 🙁

Por otro lado practicas el desapego, quizá más de lo que quisieras. Está bien reciclar libros, tirar tus viejas libretas o donar ropa usada, pero cuando tienes que deshacerte de tu bici, de tu guitarra, de colchones y muebles que no vas a usar o no puedes trasladar, es un dolor de cabeza, jeje.

Luego comprendes que las cosas materiales sólo son herramientas, y que puedes prescindir de la inmensa mayoría de ellas. Bicicletas y guitarras hay en casi todas partes, ya volverás a encontrar una. Cuanto menos peso en la mochila, mejor. Total, no te vas a llevar nada el día que te mueras. Eres tú, no las cosas que tienes. Qué sensación de libertad tan real y palpable…

superación personal

Tengo un lema: “lucha por tus sueños con todas tus fuerzas, y el universo entero conspirará a tu favor.”

Que viene a ser lo mismo que decirte que, si de verdad quieres algo, no te preocupes ni gastes energías en buscar cómo lo harás. Ponte en marcha, y verás cómo las cosas van surgiendo por el camino. Atrévete a probarlo, y te aseguro que fliparás.

En mi última mudanza, que además ha sido express, tomé la decisión e hice el traslado en un tiempo récord: menos de una semana. Con la certeza del cambio que quería dar y sin saber dónde meter mis cosas, cómo hacer el traslado, ni si iba a tener que pagar más meses de alquiler a pesar de haberme ido, por avisar con tan poco tiempo de antelación (cosa que me parecía lógica, era mi responsabilidad).

Pues esto pasó: al día siguiente de avisar a mi casero de que me mudaba, apareció una chica interesada en el piso para entrar en 6 días. Yo estaba de visita en Málaga, así que terminé unos trabajos que tenía pendientes, y me fui para desalojar el piso en 2 días. Antes de salir del piso logré vender la pieza más grande que me preocupaba. Unos amigos me ofrecieron prestada una furgoneta y un espacio para dejar las cosas mientras se van vendiendo o las voy trasladando.

Y gracias a la hospitalidad de amigas como Sofi tengo la tranquilidad de tener un techo y estar en buena compañía, mientras vuelvo a trabajar duro para generar los ingresos que me permitirán continuar con mi transición al estilo de vida que quiero.

La estabilidad de lo temporal

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]Estoy en una situación temporal, alojándome en un lugar de paso, viviendo con lo básico, y me siento libre y estable.[/dt_quote]

En situaciones así, donde otros se echan las manos a la cabeza y ven un problema, es cuando yo me centro en mis objetivos y trabajo duro por ellos.

En momentos como éste, es cuando consigo las cosas que me propongo. Porque es cuando sólo estoy conmigo misma y no pueden existir las excusas de un entorno que me condicione.

Por esto y por mucho más, me gusta ser nómada.

El precio de la libertad

Como todo, la vida nómada no sólo tiene pros, sino también algunos contras. Aún así, sé que merece la pena.

Una desventaja que le veo es lo difícil que se hace encontrar una pareja que comparta o al menos respete y apoye este estilo de vida.

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Foto de Carlos y Ana Gómez, en nuestra ruta hacia el pico Torrecilla

No siempre coincide que la persona a la que quieres quiera compartir viajes y aventuras contigo, o que prefiera quedarse y continúe sus proyectos mientras estás fuera y confíe plenamente en ti. Que estén tan seguras una de la otra.

Entiendo que no todo el mundo vale para eso. Al menos yo no he tenido suerte con eso hasta ahora, y me ha servido para aprender. Eso sí: cuando pasa, cuando dos personas así coinciden, tiene que ser la bomba. Me imagino el nivel de complicidad, y yo quiero algo así 🙂

Sé que no es imposible: he visto algunas parejas que viajan juntos, que incluso dan la vuelta al mundo. He conocido familias que viajan con sus niños. Comparten una visión similar de la vida y se saben adaptar en equipo a ella.

Si ya es poco habitual que una persona aprenda a fluir con la vida, imagínate un equipo de dos o más. Saber que es posible, me da esperanza.

Otra de las cosas que duele es tener a ciertos amigos lejos, no poder quedar o bajar a cenar con ellos cada vez que te gustaría compartir algo, echar un rato… aunque por otro lado, tienes la libertad de hacerles una visita sorpresa de vez en cuando, en este mundo ya está todo al lado 😉

El precio de ser nómada, a veces, es estar más sola de lo que quisieras. Pero sólo a veces.

Nómada, mochilera… llámalo como quieras

Te dejo con este vídeo de Nelson Mochilero, que expresa las inquietudes de un mochilero o nómada, tal y como me siento yo:

 

¿Y tú, eres nómada? Cuéntame en los comentarios: ¿cómo te sientes?