Papá, mamá… soy nómada

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He perdido la cuenta de la cantidad de veces que me he mudado de casa. Me faltan dedos, incluso si cuento los de los pies.

También he cambiado muchas veces de ciudad, eso va en el lote. Y lo mejor de todo: sé que, seguramente, seguiré haciéndolo.

Si dicen, que digan…

Me acabo de mudar a Málaga. ¿Por qué? Porque sí. Porque me apetecía un cambio, porque lo necesitaba, porque me sentía estancada, porque ahora estoy a gusto aquí, porque el clima me sienta de lujo, porque estoy haciendo amigos, porque puedo… por qué no.

Hasta hace poco creía que esta necesidad de cambio casi constante era un signo de inestabilidad interior mío, que no terminaba de encontrar mi sitio, que cogí esa costumbre desde pequeña con las interminables mudanzas que viví en familia y no he sabido asentarme en un lugar…

Nunca ha faltado gente que me diga: “¿cuándo vas a estabilizarte y a tener los pies en la tierra? No se puede estar todos los días marchando.”  En cierta forma eso me hacía sentir mal. Cuando me dicen ese tipo de cosas siento que no va conmigo, que no es eso, aunque no sabía dar una respuesta contundente. Hasta hace unos días.

Recuerdo aquella vez, recién independizada -vivía en Granada por aquel entonces, año 2008-, cuando les dije a mis padres que me iba a vivir, a estudiar y trabajar a Madrid. Me hicieron sentir como si se me hubiera ido la olla: “¿Madrid? ¿Y dónde irás cuando te canses de Madrid, a Estados Unidos, a Canadá…? Tú tienes mucha sed de mundo…”. Pues mira, por una vez tengo que darle la razón a mi padre. Sólo que ahora saber eso no me hace sentir mal, sino orgullosa.

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Darme cuenta de que soy nómada es como salir del armario otra vez

Darme cuenta de que soy nómada es como salir del armario otra vez: me da tanta libertad ser yo misma aceptando cómo soy y sabiendo que eso no me hace mejor o peor que nadie. Que es una forma de ser que no tengo que cambiar. Simplemente tengo unas necesidades y estilo de vida distinto al de la mayoría.

Darte cuenta de que eres nómada es como salir del armario: hay chicas que saben que son lesbianas desde muy jóvenes, y otros nos dimos cuenta a los 24. Pues sí: he sido nómada toda mi vida y lo he sabido a los 31. Dicen que más vale tarde que nunca, si la dicha es buena 🙂

Los síntomas del nomadismo

Observando mi estado de ánimo cuando permanezco por una larga temporada en un lugar, me ha dado cuenta de que entro en una espiral de aburrimiento, desganas y depresión que se convierten en un pozo que me arrastra a mí con todos mis proyectos.

Me considero una persona que nunca deja de cambiar, y para mí el cambio no siempre es señal de inestabilidad: más bien es evolución.

Todo lo que sea nuevo, me hace sentir viva, prestar más atención a la vida, descubrir la belleza de cada detalle,cada lugar y cada momento único, incluso aquello que otros están acostumbrados a ver o les parece desagradable.

Sólo tenemos una vida, y andan diciendo por ahí que tenemos que elegir una cosa a la que dedicarnos, un lugar donde vivir… ¿sólo uno? ¿Por qué, dónde está escrito eso? Yo quiero conocer mundo, quiero hacer una amplia variedad de cosas a lo largo de mi vida, no limitarme a una sola… ¿Por qué tendría que conformarme?

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]Siento que viajar me despierta, me hace estar alerta, me activa, acelera mi mente… Descubrir tantas cosas, lugares y personas nuevas, multiplica mi potencial mental.[/dt_quote]

Por fin lo tengo claro: si necesito tener un lugar de referencia, ése será mi campamento base, pero no me pidáis que a nivel interior me sienta atada a un solo lugar. Podré tener una casa en Málaga, como la tuve en Córdoba, Madrid, Granada… pero volaré. Viajaré. Seguiré descubriendo sitios nuevos. El mundo es muy grande como para quedarse encerrada sólo en un rinconcito.

Envidio (de momento, que ya prontito los estaré imitando) a esos chavales, tan cercanos como un compañero de coworking, que viven viajando y traviajando por el mundo, que hoy están en Córdoba, mañana en Miami, Nueva York o San Francisco, pasado mañana asisten a un evento en Valencia y al otro día de nuevo los tienes al lado disfrutando de un buen desayunaCo (*dícese de los pedazo de desayunos que se montan en coSfera). Luego se van de vacaciones a Cuba o Thailandia, y no notas que sientan esa inestabilidad o desarraigo del que hablan otras personas.

Y yo aquí partiéndome la cabeza con la puñetera inestabilidad, cuando resulta que las veces que me echo mi mochila al hombro para viajar e improvisar, trabajando en un banco en un parque o frente a la playa me siento de puta madre. Yo también soy nómada mochilera. No necesito más.

¿Eres nómada? No estás sola/o.

Mi teoría sobre el nomadismo

Llevo un tiempo tomando perspectiva de la historia de la humanidad y siendo consciente de esta nueva moda de traviajar y los nómadas digitales, y cada vez estoy más segura de que estamos ante un momento de evolución evidente.

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Fotografía original de nomadadigital.com

Nuestros antecesores primitivos eran nómadas por necesidad de encontrar alimento y refugio. Según empezaron a crear inventos fueron estableciéndose hasta ser una sociedad sedentaria, rodeada de cada vez más comodidades, que es en la sociedad en que hemos nacido todos nosotros.

Ahora, como humanidad, estamos rompiendo las barreras que creamos fruto del sedentarismo: gracias a la tecnología que avanza a un ritmo vertiginoso, a internet, a nuevas posibilidades de generar ingresos con trabajos que no existían antes y que te limitan a hacerlos en un lugar; gracias a los medios de comunicación y la velocidad de los medios de transporte actuales, muchos límites están cayendo.

Estamos siendo testigos del calentamiento global, de las consecuencias negativas de las acciones irresponsables de la humanidad con la naturaleza y tomando consciencia de que este es nuestro hogar y debemos cuidarlo. Poco a poco pasamos del contraste de ciudades superpobladas a la vida rural, otra vez, pero ahora con muchos más conocimientos sobre el medio que nos rodea y con nuevas herramientas que nos permiten seguir llevando una vida cómoda.

Cre, por lo que observo, que la humanidad (o al menos una parte) está volviendo poco a poco al nomadismo. Quién sabe: lo mismo dentro de 100 años la humanidad se dividirá en dos clases: nómadas y sedentarios. Los que prefieren una estabilidad y seguridad vinculados a un lugar físico, y los que nos sentimos más aventureros y fluimos con la naturaleza viviendo constantemente experiencias nuevas.

Esta perspectiva que explica muchísimas cosas sobre distintas formas de pensar de la gente.

No es lo mismo viajar que ser nómada.

Viajeros siempre ha habido y seguirá habiendo, más aún con las facilidades que hoy nos dan los medios de comunicación y de transporte, cada vez más al alcance de cualquier bolsillo. La velocidad con la que se puede organizar un viaje y llegar de una punta del mundo a otra es acojonante.

Hace sólo 200 años era impensable cambiarse de país o continente, salir a explorar otro lugar por gusto, por vacaciones o por cambiar de modo de vida. Hoy se tarda sólo unas horas en conectar continentes y culturas tan diferentes…

Hay algo que hace inconfundible a nómadas y viajeros:

  • el viajero sale a forma de escape, para desconectar de su rutina, quizá para explorar mundos nuevos para saciar un poco de curiosidad (o por simple postureo, jajaja, de todo hay)
  • el nómada necesita estar en movimiento y formar parte del lugar donde va. No está “deseando volver”, porque allá donde va, está su hogar.

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]Mi hogar está allí donde estoy yo[/dt_quote]

Muchas series y películas de ciencia ficción futuristas reflejan sociedades nómadas, con asentamientos temporales. Yo que soy fan de Revolution, Divergente o Insurgente, por ejemplo, lo veo bastante claro: son nómadas esos personajes que, aunque tienen unas raíces vinculadas a un lugar, viven adaptándose al día a día. Se conocen a sí mismos, conocen las leyes de la física y de la naturaleza y evolucionan con ella.

Son nómadas aquellas personas que, si un día tienen que abandonar un lugar, están acostumbrados a decir adiós sin tanto dolor. Saben dejar ir a las cosas y a las personas. Saben que no se puede planear todo, son flexibles. Saben que, cuando dejan atrás un lugar, después la vida les seguirá sorprendiendo, y que la mejor forma de controlar la vida es dejarte fluir con ella.

Pero las personas que tengo como referencia no son personajes de ciencia ficción. Hay nómadas de carne y hueso, muchos. Quizá te suenen, por ejemplo, Ángel Alegre o mi colega Antonio Gé. Y puedes tirar del hilo, que hay muchísimos más, como Diana Garces de  Traviajar.es, Víctor de Surfeatuvida.com, Hana Kanjaa, los chicos de DNomad.Club, Nelson Mochilero y tantos más… Seguro que conoces a alguno o eres uno de ellos, espero leerte en los comentarios 😀

¿De dónde eres?

La pregunta del millón. Para mí esta pregunta, a estas alturas de la evolución humana, está un poco fuera de lugar. Cuando me preguntan de dónde soy, termino respondiendo con el estribillo de la canción:

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]Yo no sé de dónde soy, mi casa está en la frontera ;)[/dt_quote]

Si cuando me preguntas eso quieres preguntar que dónde nací te diré que en Granada. Pero ni tengo recuerdos, apenas estuve allí dos años.

Si te refieres a dónde me crié, viene a ser Pozoblanco.

Pero resulta que luego me fui a estudiar a Granada, Salamanca, Madrid, y he estado temporadas también en Asturias, Valencia, Córdoba, ahora Málaga, y aunque no he vivido en el extranjero, tengo amigos y compañeros de todas partes del mundo (Venezuela, México, USA, Centroamérica, Australia, Turquía, Rusia, Canadá…), tanto que ya a veces no sé qué idioma hablo, o suelto la expresión que mejor expresa lo que siento en el momento. Ni modo.

No me gusta limitarme a un solo lugar. Me siento cuidadana del mundo, y en cada lugar por donde paso hay un cachito de mi corazón.

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]¿Eres nómada también? ¿Cómo te sientes, y qué respondes cuando te hacen esta pregunta?[/dt_quote]

Otra pregunta del millón: “A qué te dedicas?”

Que te cuente su experiencia Aniko Villalba, directamente. Me pasa algo parecido, jajaja:

 

Lo que me enseñan las mudanzas

¿Quién inventó las cosas? Osú… Cada mudanza es una odisea, aunque voy aprendiendo y cada vez me mudo más rápido. Es genial cambiar de casa a menudo, así no acumulas cosas inútiles o que llevas años sin usar. Aunque otras veces, sobre todo cuando empiezas con una pareja, lo que haces es acumular 🙁

Por otro lado practicas el desapego, quizá más de lo que quisieras. Está bien reciclar libros, tirar tus viejas libretas o donar ropa usada, pero cuando tienes que deshacerte de tu bici, de tu guitarra, de colchones y muebles que no vas a usar o no puedes trasladar, es un dolor de cabeza, jeje.

Luego comprendes que las cosas materiales sólo son herramientas, y que puedes prescindir de la inmensa mayoría de ellas. Bicicletas y guitarras hay en casi todas partes, ya volverás a encontrar una. Cuanto menos peso en la mochila, mejor. Total, no te vas a llevar nada el día que te mueras. Eres tú, no las cosas que tienes. Qué sensación de libertad tan real y palpable…

superación personal

Tengo un lema: “lucha por tus sueños con todas tus fuerzas, y el universo entero conspirará a tu favor.”

Que viene a ser lo mismo que decirte que, si de verdad quieres algo, no te preocupes ni gastes energías en buscar cómo lo harás. Ponte en marcha, y verás cómo las cosas van surgiendo por el camino. Atrévete a probarlo, y te aseguro que fliparás.

En mi última mudanza, que además ha sido express, tomé la decisión e hice el traslado en un tiempo récord: menos de una semana. Con la certeza del cambio que quería dar y sin saber dónde meter mis cosas, cómo hacer el traslado, ni si iba a tener que pagar más meses de alquiler a pesar de haberme ido, por avisar con tan poco tiempo de antelación (cosa que me parecía lógica, era mi responsabilidad).

Pues esto pasó: al día siguiente de avisar a mi casero de que me mudaba, apareció una chica interesada en el piso para entrar en 6 días. Yo estaba de visita en Málaga, así que terminé unos trabajos que tenía pendientes, y me fui para desalojar el piso en 2 días. Antes de salir del piso logré vender la pieza más grande que me preocupaba. Unos amigos me ofrecieron prestada una furgoneta y un espacio para dejar las cosas mientras se van vendiendo o las voy trasladando.

Y gracias a la hospitalidad de amigas como Sofi tengo la tranquilidad de tener un techo y estar en buena compañía, mientras vuelvo a trabajar duro para generar los ingresos que me permitirán continuar con mi transición al estilo de vida que quiero.

La estabilidad de lo temporal

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]Estoy en una situación temporal, alojándome en un lugar de paso, viviendo con lo básico, y me siento libre y estable.[/dt_quote]

En situaciones así, donde otros se echan las manos a la cabeza y ven un problema, es cuando yo me centro en mis objetivos y trabajo duro por ellos.

En momentos como éste, es cuando consigo las cosas que me propongo. Porque es cuando sólo estoy conmigo misma y no pueden existir las excusas de un entorno que me condicione.

Por esto y por mucho más, me gusta ser nómada.

El precio de la libertad

Como todo, la vida nómada no sólo tiene pros, sino también algunos contras. Aún así, sé que merece la pena.

Una desventaja que le veo es lo difícil que se hace encontrar una pareja que comparta o al menos respete y apoye este estilo de vida.

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Foto de Carlos y Ana Gómez, en nuestra ruta hacia el pico Torrecilla

No siempre coincide que la persona a la que quieres quiera compartir viajes y aventuras contigo, o que prefiera quedarse y continúe sus proyectos mientras estás fuera y confíe plenamente en ti. Que estén tan seguras una de la otra.

Entiendo que no todo el mundo vale para eso. Al menos yo no he tenido suerte con eso hasta ahora, y me ha servido para aprender. Eso sí: cuando pasa, cuando dos personas así coinciden, tiene que ser la bomba. Me imagino el nivel de complicidad, y yo quiero algo así 🙂

Sé que no es imposible: he visto algunas parejas que viajan juntos, que incluso dan la vuelta al mundo. He conocido familias que viajan con sus niños. Comparten una visión similar de la vida y se saben adaptar en equipo a ella.

Si ya es poco habitual que una persona aprenda a fluir con la vida, imagínate un equipo de dos o más. Saber que es posible, me da esperanza.

Otra de las cosas que duele es tener a ciertos amigos lejos, no poder quedar o bajar a cenar con ellos cada vez que te gustaría compartir algo, echar un rato… aunque por otro lado, tienes la libertad de hacerles una visita sorpresa de vez en cuando, en este mundo ya está todo al lado 😉

El precio de ser nómada, a veces, es estar más sola de lo que quisieras. Pero sólo a veces.

Nómada, mochilera… llámalo como quieras

Te dejo con este vídeo de Nelson Mochilero, que expresa las inquietudes de un mochilero o nómada, tal y como me siento yo:

 

¿Y tú, eres nómada? Cuéntame en los comentarios: ¿cómo te sientes?

 

Este ejercicio me ayudó a ganar 2500 € en 7 días

Vale, lo reconozco, el título lleva gancho. No es toda la verdad, pero tampoco es mentira, así que, yo que tú, seguiría leyendo 😉

De verdad que lo que te voy a presentar me ayudó a conseguir ese objetivo (2500 € en 7 días, no está mal, ¿verdad?), y no veas qué bien me sentí cuando me vi capaz de hacerlo.

Casi de casualidad encontré hace unas semanas un pequeño recurso en internet que hizo que algo hiciera click dentro de mí. O supongo que no fue tan casualidad, porque me pilló en una época de búsqueda voraz.

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Necesitaba cambiar mis perspectivas con respecto a muchos ámbitos de la vida: el dinero, el trabajo, las relaciones sociales, mi pareja… Vaya, de esas épocas en que tienes tanto caos alrededor, y eres consciente de ello pero no sabes muy bien cómo ordenarlo, ¿te suena esto? Pues en esa época me pilló.

[dt_quote type=”pullquote” layout=”left” font_size=”normal” animation=”none” size=”1″]¿De qué forma cambiaría tu día a día si pudieras dominar esos pensamientos y emociones negativas para crear acciones y energía imparables que crean confianza y te consiguen lo que quieres de la vida?[/dt_quote]

Este programita tiene la culpa

El caso es que encontré este breve programa de Enrique Delgadillo, experto en reprogramación neurolingüística y en guiar a la gente a conseguir sus objetivos. Es una serie de poquitos audios en los que explica y te guía en la realización de un ejercicio que usa la visualización creativa.

He oído muchas veces eso de que para lograr algo tienes que imaginártelo en tu cabeza, y entonces… ¡Tacháaaan! Sucede. Y sí, he podido comprobar que es cierto.

Yo me considero bastante inquieta en muchos sentidos, y si un tema me resulta interesante pero luego me aburre, no llego a entrar en profundidad. Me quedo con el concepto, me aprendo la teoría, pero aplicar la práctica… aaaamigo, eso es otra historia. Así que sé cómo se hacen muchas cosas, pero hacer, no he hecho tantas. He hecho muchas, pero no tantas como mi conciencia quisiera.

Así que antes visualizaba vagamente qué era eso que quería conseguir. Y claro, tan vagamente que conseguir los resultados me cuesta mucho. A menudo me frustro a medio camino.

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Inversiones que no tienen precio

enrique_delgadillo1Reconozco que este Enrique Delgadillo tiene mucha labia. Me desespera la gente que habla y habla rápido, y me hacen dudar cuando venden algo, pero tampoco me costaba tanto invertir esos 7 € en el programa y probar. Además, los vídeos gratuitos ya estaban teniendo un efecto en mí de cambio de perspectiva y amplitud de miras, o sea, que algo de verdad sí que tenía. Desde luego, quedándome dudando y sin dar el paso, menos iba a lograr.

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Así que no me lo pensé mucho y lo compré. No tenía mucho que perder. Bueno, en mi cuenta había apenas 30 € y gasté 7, así que no era poco en ese momento, pero cuando se trata de emergencias e inversiones que pueden cambiar mi vida, me lanzo.

Los efectos de hacer caso a un profesional

Me descargué los audios y los empecé a escuchar de inmediato. A la hora de hacer el ejercicio central, tengo que admitir que me sorprendió muy gratamente.

Hacía tiempo que no sentía esa conexión interna conmigo misma, esa paz interior y esa seguridad que sentí cuando terminé de hacer el ejercicio. ¿Te cuento lo mejor de todo? Él recomienda hacerlo 2 veces al día para asentar el hábito y obtener aún mejores resultados a largo plazo, así que yo encantada de repetirlo y volver a sentir lo mismo una y otra vez.

Cada vez que hago el ejercicio, al terminar me siento mucho más focalizada, concentrada, con agilidad mental y capaz de todo lo que me proponga.

¿A que no hay ovarios? El resultado

Lo que me propuse esa semana, la misma que compré el programa, fue facturar más de 2000 € en mi trabajo. Era una necesidad del momento para pagar unas deudas pendientes, y de paso, un reto (me encantan los retos, jeje).

Me sentí con tanta energía renovada al descubrir que podía hacer eso con mi mente, que fui capaz de conseguir un poco más: 2500. Fue una semana de cosechar trabajo de una forma que nunca antes había sabido hacer.

Eso fue sólo una prueba. Para mi próximo reto ya tengo el listón más alto, cómo no 😉

¿Y tú? ¿Te animas a hacerlo?

Que alguien te enseñe a visualizar tu futuro y te ayude a lograr tus metas por sólo 7 € suena ridículo, ¿verdad? Más ridículo sería no aprovecharlo. Si te identificas con algo de mi historia, mi consejo es que empieces a practicar con estos ejercicios de Enrique. No tienes nada que perder 😀

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Puedes pensar que soy una aprovechada, que sólo me interesa vender… Bueno, puedes pensar lo que quieras. Yo sólo recomiendo aquello que conozco de primera mano, que me ha dado buenos resultados y sé que te puede funcionar a ti también. Y si echas cuentas, verás que una comisión de algo que cuesta 7 € tampoco da para mucho. Eso sí, a mí me ayuda un poquito con mis gastos.

En fin, que estás en tu derecho de limpiar las cookies si quieres comprar el curso y no dejar que me lleve la comisión. Pero haz algo, no te quedes ahí parad@ pensando mientras te lamentas el resto de tu vida por no haber hecho nada. No lo hagas por mí: hazlo por ti. Empieza a vivir visualizando tu futuro y mira qué fácil será conseguir tus metas 😀

El reto de la altitud – 24 horas con el corazón a 120

Es curioso. Hace casi un año publicaba el último post de este blog, cuya imagen reza: “No es tu aptitud, sino tu actitud, lo que determina tu altitud”.

Mi reto de este verano

El fin de semana pasado, casi un año después de publicar eso, y un año y 15 días después de mi último intento, logré llegar a lo más alto de la Península Ibérica, el Mulhacén, en mi querida Sierra Nevada.

A pesar de ser verano, no es una ruta fácil, ya que la altitud condiciona bastante el físico, y más a alguien como yo que llevaba ya unos 5-6 meses haciendo prácticamente vida sedentaria. Esta subida la he enfrentado con 75 kg de peso en mi cuerpo, casi 15 más de los que me corresponden. Y eso, mi corazón, que no está muy entrenado, lo ha notado, y mucho.

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El grupo en la cima. Fotografía de Guías del Sur

Me propuse subir antes de terminar el verano, y gracias al grupo de Descubre Guías del Sur encontré la forma de ir bien acompañada y con unos buenos guías. Yo hice la ruta por Capileira hace 12 años y la de Trevélez el año pasado, pero no me atrevía a subir sola. La alta montaña, sea verano o invierno, es alta montaña y hay que tenerle cierto respeto.

Salíamos el sábado a las 10 desde Capileira y la llegada estaba prevista en el mismo punto para el domingo a las 19:45. En principio me pareció mucho tiempo para estar por ahí arriba, porque subir desde el Alto del Chorrillo en realidad no es mucho tiempo. Pero menos mal que nos lo tomamos con calma. Jamás pensé que me hiciera tanta falta. Estoy acostumbrada a pegarme palizas e ir al límite, pero se ve que mi cuerpo ya no responde como cuando tenía unos cuantos años menos.

Como ya he tenido dos intentos de ir temprano conduciendo desde Córdoba el mismo día de la subida y no he sido capaz de pegarme el madrugón, el viernes por la tarde preparé la mochila con las cosas necesarias para comer y dormir un par de días y me fui a pasar la noche en algún hostal de La Alpujarra. Primera vez que voy a Lanjarón (que yo recuerde), y justo pillo una feria medieval. Genial, eso me permitió cenar a la 1 de la mañana, cosa que dudo que hubiera hecho un día cualquiera en un restaurante de un pueblo tan pequeñito. Eso de no llevarlo todo planificado tiene también su punto de aventura, y mola descubrir una vez tras otra que hace falta muy poco y casi nunca nos falta de nada realmente importante 😉

El Veleta visto desde el Mulhacén. Ahí arriba todo es tan pequeño...
El Veleta visto desde el Mulhacén. Ahí arriba todo es tan pequeño…

Con mi hora de salida llegué muy justa a Capileira, a la hora exacta que se suponía que salía el microbús del parque nacional que el grupo había reservado. La verdad que hasta no subirme al autobús no empecé a desestresarme. Conducir me estresa bastante, y desde Córdoba la tarde de antes conduje casi 3 horas, más los 45 min de Lanjarón a Capileira, todo curvas y contrarreloj. Prefiero mil veces ir de copiloto, jeje.

Pulsaciones a más no poder

Bajamos del autobús, nos echamos la mochila a la espalda, nos reunimos el grupo, nos dan las primeras indicaciones (pedazo de profesionales fueron nuestros guías Samuel y Ángel José). Comparado con el año pasado, que llevaba medio Mercadona a cuestas, este año la mochila me pesaba poco, mucho más llevadera, dónde va a parar. Además, era la primera vez que subía con la ayuda de bastones, y que me enseñaban a apretarme bien la mochila, detalles que agradecí un montón. Esta vez mi espalda ha vuelto sin más sufrimiento que el de la dureza y los desniveles del suelo a la hora de dormir. Un gustazo para alguien con los hombros tan pequeños como yo.

El día estaba tan bueno que se veía la costa de Granada, la de Almería, embalses de provincias cercanas y hasta África
El día estaba tan bueno que se veía la costa de Granada, la de Almería, embalses de provincias cercanas y hasta África

Creo que no llevábamos ni una hora andando cuando empecé a notar los efectos de la altura. Estaríamos a 2900 m de altitud cuando ya llevaba el corazón disparado y mi mente se sentía como excesivamente ligera, flotando, supongo que por la diferencia de densidad de oxígeno allí arriba, o algo así. Sentir estos efectos un ratito está bien, pero cuando tu corazón lleva ya dos horas a más de 120, quizá 130 pulsaciones por minuto, el pecho te duele, y sólo quieres que eso pare. Pero sólo estábamos alrededor de 3000 m. Y me propusieron hacer la subida fácil (más larga) o darme la vuelta paraa Siete Lagunas, pero no me había pegado semejante viaje para abandonar estando ahí.

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]Empezando tan arriba, sabes que, aunque te cueste, sólo necesitas unos pocos pasos más, seguir subiendo un poco más, para llegar a la cima. No hay excusa que valga: dar media vuelta 400 m más abajo me parecía absurdo, con que, cuanto más alto estaba, aunque más me dolía el pecho, más ganas tenía de llegar. [/dt_quote]

Nunca pensé que me fuese a descolgar tan lejos del grupo ni que tuviera que subir tan despacio, y fue un mazazo para mi orgullo, pero así fue. La misma subida, que hice 12 años antes, llevaba un crío sobre los hombros, no comí apenas y subí bastante mejor. Pero claro, tenía yo 18 añitos, jeje. Menos mal que Ángel José no me dejaba sola, y hasta me daba conversación para hacer la subida un poquito más amena.

Da rabia cuando sabes que realmente no te sientes físicamente cansada aún pero no das para mucho más. Mis piernas querían más, mis brazos y mi espalda iban bien de fuerzas, pero el dolor del corazón desbocado en el pecho fue duro de llevar y me hacía ir muy despacio y hacer más paradas de las que me hubiera gustado. Estamos a jueves, volví de la ruta el domingo por la noche, y hasta ayer no pasó ese dolor.

Clara en el Mulhacén
Si además de guía y ángel resulta que llevaba fotógrafo 😀

Pero a pesar de eso, y de prometerme a mí misma que esa iba a ser la última vez que me metía en senderismo de alta montaña, que para qué necesito yo hacer eso… Ya estoy planeando volver, al Veleta, nada menos. Habrá que entrenar esta vez para sufrir un poco menos 😛

Una noche inolvidable

La verdad que de presupuesto y material anda la cosa escasa. En las indicaciones para la ruta recomendaban llevar tienda de campaña o un toldo para montar un tarp. Yo no tengo en casa nada de eso y para una vez no me lo iba a comprar (además de lo que pesa todo en la mochila, y pasaba de repetir eso de llevarme el Mercadona). Como la otra vez dormimos (miento, no dormí, conté más de 30 Perseidas en toda la noche) dentro del saco y un plástico, esta vez hice lo mismo: cogí el plástico que envolvía un colchón y me lo enrollé dentro de la mochila. Ah, el saco que llevé, por liberar peso, no era el mío de alta montaña. Gran error. Menos mal que los chicos de Descubre llevaban algo de material de sobra, que se me ocurrió comprarme los bastones y que Sara tenía un método infalible para construir un techo con poco material.

amaneciendo en Siete Lagunas
José fotografiando el campamento. No me dio tiempo a peinarme xD

[dt_quote type=”blockquote” font_size=”normal” animation=”none” background=”plain”]Confieso que primero agradecí tener un techo donde refugiarme cuando cayó el sol y empezó a pegar el viento frío. Y que luego lloré desesperada cuando llegó la hora de meterme en el tarp/plástico/saco de dormir.[/dt_quote]

Empezando por los pies, arrastrándome por el suelo, con toda la ropa que llevaba puesta, buscando el hueco entre el bastón y el cordel que hacía de viento para no desmontar la improvisada construcción, y con el corazón latiendo a 120 pulsaciones cada vez que me movía y hacía un esfuerzo. Pocas veces recuerdo haber deseado tanto que llegase el día.

No sé si alguna vez he dado más vueltas en la cama. Pueden haber sido una media de vuelta cada dos minutos. Y es que encima, con la hernia en la espalda, el suelo no es que lo ponga muy fácil para descansar, con un bulto bajo mi espalda justo en medio del terreno. Menos mal que habíamos cenado bien y calentito (otra vez gracias al equipo organizador), que yo con hambre por la noche no soy persona.

[dt_quote type=”pullquote” layout=”left” font_size=”normal” animation=”none” size=”1″]Entre el corazón desbocado que no frenaba, el agotamiento, el frío, la falta de costumbre a un silencio tan fuerte, el agua de la laguna que acababa de beber y empezaba a hacer de las suyas, sólo supe calmarme sacando un poco la cabeza de allí y reposando bajo el manto de estrellas que tenía sobre mí.[/dt_quote]

Siempre me han fascinado las estrellas, y estuve deseando ese momento toda la tarde. El momento en que ninguna luz alrededor te molesta para ver la maravilla que nos envuelve cada día y cada noche sin que seamos apenas conscientes. Por no haber no hubo ni luna. Y curiosamente, esa oscuridad de la noche, esa inmensidad de sentir el espacio tan cerca y tan potente, fue lo que me calmó un poco y me ayudó a descansar -que no dormir-. Una lástima que la cámara de mi móvil no tenga sensibilidad para haber captado semejante maravilla. Me la guardo para mí en la retina.

Aunque hay sido tan duro, en parte, seguirá siendo mi hotel favorito para pasar la noche: el hotel del millón de estrellas.

Todo pasa, todo enseña. Todo se supera.

Amaneciendo en Siete Lagunas. Fotografía de José Manuel.
Amaneciendo en Siete Lagunas. Fotografía de José Manuel.

Y como era de esperar, llegó la mañana. Y con ella, el sol. De nuevo un poco de calor. La charla con los compañeros de ruta. Una tila caliente en una taza con sabor a Yatecomo japonés que me sentó de maravilla. Unas vistas preciosas. Un intento de paseo y una siesta al sol como los lagartos que me dejó, ahora sí, lista para retomar el camino de vuelta. Un camino que esta vez se hizo más fácil, sabiendo que lo más duro había pasado, y que me esperan más retos así, abajo en el día a día o más adelante, de nuevo, en la montaña.

Imagen del grupo con Laguna Hondera al fondo, tomada por José Manuel, mi ángel-guía
Imagen del grupo con Laguna Hondera al fondo, tomada por José Manuel, mi ángel-guía

Esto sólo ha sido el comienzo para retomar mi vida de aventuras. Me espera el Veleta, vuelta a correr, y a estrenar unas cuantas emociones más. ¿Te apuntas? Lo admito: quizá sí, estoy como una cabra 😉

Las cabras fueron nuestros guardias privados. Fotografía de José Manuel
Las cabras fueron nuestros guardias privados. Fotografía de José Manuel

Limpia tu mente en 1 minuto

actitud

actitudLa vida a veces es un poco dura con nosotros (o un mucho), todo hay que admitirlo. Soy partidaria del optimismo, pero de un optimismo realista, que es el que procuro practicar: el de vivir apuntando al cielo teniendo los pies en la tierra.

No es todo color de rosa. Hay mañanas en que una se levanta con el pie izquierdo o con el humor acompañando al tiempo (hablo de los días de nubes y lluvia que han llegado al sur para quedarse un tiempo).

Están esos días cargados de obstáculos, en que parece que el universo se pone en tu contra y pocas cosas te salen bien. Y una tiene derecho a cabrearse de vez en cuando con la vida, a rebelarse, pero digo yo que tampoco es plan de vivir como una veleta en función de lo que pasa ahí fuera, ¿no?

[dt_highlight color=””]Que las cosas sean difíciles no quiere decir que yo no tenga derecho a sonreír en medio de los marrones[/dt_highlight], o a respirar hondo y relajarme un poco.

Tú decides cómo tomarte las cosas

No me gusta vivir cabreada, negativa. Es incómodo, y hasta donde yo sé, no lleva a ninguna parte. Así que de vez en cuando, está bien echarle un pulso al mal humor y empezar de nuevo.

Que sí, que las circunstancias externas no se pueden cambiar así como así y muchas veces ni siquiera estará en tu mano, pero ¿quieres que te chive un truco, señora? Mira un poco más allá. Limpia tu mente. Meditación zen: no pensar en nada. Centrarte en ti, en tu respiración, en el ahora. Nada más. Es lo que en realidad hay. Mano de santo.

Pequeños grandes maestros: gracias

Estos días me he acordado de un vídeo que alguien me pasó por facebook. Dibujitos animados sencillos, simpáticos, con una gran lección práctica en 5 minutos. 5 minutos, ¿quién no tiene 5 minutos? Luego bastará con uno solo, don’t worry 😉

Este vídeo es una pequeña guía para meditar durante un solo minuto, y según el autor del vídeo, si lo practicas a menudo, llegará un momento en que puedas hacer esta meditación (de vaciar tu mente) en sólo un instante, en cualquier lugar. ¿Te imaginas, estar en medio del tráfico, o de un pollo familiar, y tener la capacidad de relajarte en tan sólo un instante? Deja de imaginar y ponte a practicar. A mí, al menos, me está viniendo de perlas.

[dt_quote type=”pullquote” layout=”left” font_size=”big” animation=”none” size=”1″]Es sorprendente la cantidad de cosas que pasan dentro de ti en un instante, y la mayoría del día ni eres consciente de ello. Afina tus sentidos, focalízate en el ahora, y la ansiedad o el mal humor se van solitos a otra parte.[/dt_quote]

Aunque el vídeo está en inglés, es muy sencillito de comprender (si no, ya sabes: activa los subtítulos). ¡A practicar!

 

Mis lecciones de vida del padel – nivel principiante

Uno de mis compromisos de este año 2014 era terminar el año jugando asíduamente a algún deporte que me guste, y frecuentarlo mucho. Siempre me he sentido genial haciendo deporte, y curiosamente hasta este año no me había planteado que quisiera dedicarle tanto tiempo. Me hace sentir viva, la sangre corriendo en mis venas, despeja mi mente, me permite rendir mejor en el trabajo, sentirme bien conmigo misma… ¿qué narices hacía postergándolo más tiempo?

Total, que al margen de correr y entrenar de vez en cuando, me prometí darme caña con un deporte de grupo. Y así fue como, a principios de curso (hace 6 semanas) me apunté a clases de padel y me aseguré un grupete de colegas con los que jugar a menudo.

Jamás en mi vida había cogido una pala. De adolescente sí que me quedé con las ganas de aprender y practicar el tenis en serio, me sentía cómoda en la pista y con una raqueta en la mano, pero fue otra hermana mía la que terminó apuntada a clases, no yo xD

Cuando jugué mis primeros partidos hace sólo eso, 6 semanas, me sentía bastante perdida en la pista. No sabía hacia dónde iba la bola ni qué hacer con ella, pero me juré practicar y entrenar, aprender, mejorar día a día. Me lo planteé como un reto.

¿Quieres algo de mí? Rétame. Hay una frase mágica capaz de sacar de mí casi cualquier cosa: “no hay huevos”. Pues eso. Me prometí no parar de entrenar, concentrarme al máximo en el juego, en la bola, en el instante presente, y aquí me hallo, enganchadísima. Por fin he encontrado mi vicio. Juego casi todos los días, alguna vez soy la loca que se mete 4 horas al día entre pecho y espalda. Me llaman loca, pero yo me siento genial, hago buenas migas, me lo paso bien y aprendo mucho, de paso.

El padel, un juego de metáforas para la vida

Las reglas del juego no son muy complejas: el éxito depende de la práctica, de que seas capaz de conocer el espacio en profundidad, y de [dt_highlight color=””]adaptarte a la necesidad de cada momento[/dt_highlight]. Bingo: eso último es algo que yo no practicaba apenas en mi vida, y que gracias al pádel estoy incorporando. Ser capaz de fluir con el presente, de adaptarme en lugar de quedarme en la frustración por una idea o un capricho, es mucho más satisfactorio. Es avanzar con el momento. Vivir aquí y ahora.

Si la bola no va donde yo la estoy esperando, ya iré yo a buscarla. Pero quedarme llorando porque no ha venido a mis manos es absurdo, ¿no? La clave es seguir dándole, mantener el juego activo, hasta tener la ocasión de marcar el punto.

El sexo del padel

Es muy distinto jugar con chicos, con chicas y partidos mixtos. Las chicas son más lentas en el juego -al menos el que yo hasta ahora he probado- y a su vez dan golpes más inteligentes, por lo general. Los chicos tienen más agilidad para correr y llegar a cualquier parte, pero a menudo se dejan llevar por la emoción y al dar con rapidez y fuerza a la bola se les va y terminan perdiendo el punto. Eso sí, los puntos que marcan son más contundentes. Los partidos mixtos son un intermedio, tenemos ingredientes femeninos y masculinos.

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Foto por cortesía de Ángel Sánchez

Personalmente avanzo mucho jugando con chicos, ya que me obligan a abrir los sentidos al máximo y extremar la concentración. También me gusta el nervio, la velocidad, y soy un poco bruta, todo hay que decirlo.

En los partidos con chicos todo sucede mucho más rápido, los golpes son más fuertes -no hay miedo que valga-, pero controlando lo básico y siguiendo la bola en el instante presente descubro que soy capaz de salvar casi todos los golpes, e incluso hacer pupa en alguno. Y digo yo, que si la vida es igual, ¿por qué no voy a ser capaz? Si es cuestión de estar atenta al fluir del juego y de práctica, ¡al lío!

Otra cosa: no hay que dar ningún golpe por perdido hasta el último momento. Puedes creer que has perdido una bola que pasa velozmente (o tú te mueves torpemente a su lado) después de botar en el suelo. Va contra la pared, pero hasta que vuelva a botar por segunda vez en el suelo, tienes otra oportunidad de reaccionar, colocarte bien y sacarla al campo contrario. En esto también me resulta curioso: las chicas -principiantes- dan la bola por perdida en cuanto pasa a su lado. Los chicos la buscan y pelean hasta el final. Y yo soy de no rendirme hasta el final. Es sorprendende lo rápido que puede una darse la vuelta, estirar el brazo y seguir el juego cuando los demás han dado el punto por perdido. Si es que el ser humano es capaz de todo lo que se pronponga, leñe.

La evolución del aprendizaje

IMG_20141102_162401Cuando aún no conoces apenas el juego y no tienes mucha práctica, las frustraciones nos frecuentes. Bolas tontas perdidas, movimientos torpes, te estancas en el suelo o te escurres y caes de culo (¡ay, las zapatillas!), tu compañero y tú vais animosos a por la bola y al final ninguno termina por golpearla… Divertido es un rato, si te sabes reír de ti misma.

En las clases yo voy aprendiendo técnica, y evidentemente, quiero llevarla al juego. Al intentar hacerlo perfecto, el juego se vuelve algo lento, a veces quizá aburrido. Jeje, esas bolas de saque eternas con tal de hacerlo bien…

Me lo paso genial con mi grupito de Geokeda, pero siempre quiero más. Así que busco más jugadores, más lugares donde jugar con gente que tiene un poquito más de nivel. Toca despertar, dar más pasos hacia adelante. El juego se vuelve rápido, ágil, más inteligente. Al principio me siento anonadada. Luego saco la garra que llevo dentro, y sí, ahí está: está en mí. La fuerza, la velocidad, la atención, el cálculo, la capacidad de hacer mucho más.

Y me apetece sacar esa garra y hacerla parte de mí, de mi estilo de juego.Y de vida, por qué no. Esto va de vivir fuerte, ¿verdad? Me gusta, me siento bien. Así que, en vez de esperar a que otros me marquen el ritmo y esperar para reaccionar, yo también puedo marcar el ritmo. Aflojar la bola y mandarte un globito al fondo si me apetece verte correr o ponértelo difícil en la esquina, o hacer un buen remate cuando vea un punto a huevo. Hay momentos para todo, ¿verdad?

De momento ya voy a por mi primer RDP de 3ª. Lo mismo me funden, pero una cosa es segura: me divertiré jugando y saldré con más potencia en mi garra, con más lecciones para vivir, con ganas de echarle más sangre al padel y a la vida 😉

 

Gracias por el vídeo, David. Vaya tesoritos que esconde el iPhone…

Si tú también juegas al padel déjame tus comentarios, será un placer leerte.

Eligiendo un estilo de vida

Controle su destino

Ser emprendedora está muy bien, pero no es todo tan fácil ni tan bonito como esos vídeos de historias de éxito que se encuentran por youtube. Llegar a ese momento de triunfo que suele ir acompañado de una potente banda sonora tipo Hans Zimmer requiere un largo y sacrificado camino. Eh, ojito, que he dicho que no es un camino fácil, no que no merezca la pena. Dedicarte a lo que te apasiona y tener libertad de elegir qué hacer en tu vida en cada momento merece la pena, y mucho.

Esta mañana me he topado con este vídeo y me he sentido muy identificada. Situaciones personales y de algunas personas cercanas que valoro me han hecho darme cuenta de la gran capacidad que tenemos los seres humanos, y de que a menudo la desconocemos. Es fácil seguir adelante cuando todo va sobre ruedas, cuando la gente te apoya, cuando una es feliz, pero, ¿qué pasa en los momentos en que las cosas se ponen difíciles, cuando todo a tu alrededor te dice que no lo vas a conseguir, que mejor no lo intentes?

Como emprendedor seguro que sabes de lo que te estoy hablando, porque momentos de esos seguro que has pasado, estás pasando y te quedarán aún por vivir. [dt_highlight color=””]Y en esos momentos la clave es no centrarse en las emociones, en los obstáculos que se interponen en nuestro camino, sino seguir mirando fijamente hacia la meta. [/dt_highlight]Sí, puede una seguir adelante cuando cree que no tiene más energía. Puede una sentir que no va a ningún lado, y a pesar de eso, permanecer confiando en que la perseverancia te dará un día el premio. Y termina llegando, claro que llega.

 

Hábitos que definen tu estilo de vida

De un tiempo a esta parte he añadido nuevos hábitos a mi día a día, y ahora sí puedo decir que me siento a gusto en mi piel con mi nuevo estilo de vida. Entre esos nuevos hábitos está la lectura.

Desde el año 2010, había pasado los últimos años de mi vida dedicando mi tiempo 100% al trabajo, sin dejarme apenas tiempo para pasar con mis amigos, sin descansos, sin tiempo para mí. La crisis económica me estaba pegando fuerte y no podía permitirme el lujo de darme ni un descanso. Sin embargo, con el tiempo me he ido dando cuenta de que el descanso es tan importante como el trabajo, o más. El alimentar el espíritu, entrenar el cuerpo, son lo que luego me hace ser capaz de rendir mucho más y obtener buenos resultados también en mi trabajo.

Así que aquí estoy, un año y poco después de mudarme a Córdoba, llevando una vida mucho más plena, más satisfecha con mi trabajo, disfrutando de más tiempo libre, del placer de sentir la sangre corriendo por las venas mientras hago deporte. Disfrutando de viejos y nuevos amigos, de mi familia, y en definitiva, a gusto conmigo misma.

Controle su destino, de Tony Robbins.

Anthony RobbinsÉste es uno de los libros que me han ayudado a reenfocar mi vida de esta manera y tomar esta nueva perspectiva frente a la vida. Un libro que recomiendo a cualquier espíritu emprendedor, a cualquier persona con ganas de superarse a sí misma, o que simplemente quiera seguir creciendo. Un libro que romperá tus moldes, te hará descubrir que tus límites están en tu cabeza, y te dará un buen empujón para seguir adelante con tus proyectos y vivir con mucha más fuerza cada día.

Este tío sí que es uno de los grandes. Cuando descubrí este libro me empapé también de algunas de las historias de superacíón que hay colgadas en su web y por youtube. Y siguiendo por la parte que he resaltado, tiene precisamente un apartado en el que enseña a manejar las emociones negativas y utilizarlas para lograr tus objetivos.

Me parece fundamental. Porque sí, porque las dificultades siempre van a estar ahí, porque habrá días en que sientas que no puedes más, eso es así. La diferencia está en qué vas a hacer con esas emociones cuando lleguen, para impedir que tomen el mando de tu vida.

Por supuesto, el libro tiene muchísima más riqueza que eso. Me atrevería a decir que Tony Robbins es uno de los mejores motivadores que va a conocer el planeta. Sería un desperdicio no aprovechar la ocasión, ahora que podemos aprender de él.

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