Mis lecciones de vida del padel – nivel principiante

Uno de mis compromisos de este año 2014 era terminar el año jugando asíduamente a algún deporte que me guste, y frecuentarlo mucho. Siempre me he sentido genial haciendo deporte, y curiosamente hasta este año no me había planteado que quisiera dedicarle tanto tiempo. Me hace sentir viva, la sangre corriendo en mis venas, despeja mi mente, me permite rendir mejor en el trabajo, sentirme bien conmigo misma… ¿qué narices hacía postergándolo más tiempo?

Total, que al margen de correr y entrenar de vez en cuando, me prometí darme caña con un deporte de grupo. Y así fue como, a principios de curso (hace 6 semanas) me apunté a clases de padel y me aseguré un grupete de colegas con los que jugar a menudo.

Jamás en mi vida había cogido una pala. De adolescente sí que me quedé con las ganas de aprender y practicar el tenis en serio, me sentía cómoda en la pista y con una raqueta en la mano, pero fue otra hermana mía la que terminó apuntada a clases, no yo xD

Cuando jugué mis primeros partidos hace sólo eso, 6 semanas, me sentía bastante perdida en la pista. No sabía hacia dónde iba la bola ni qué hacer con ella, pero me juré practicar y entrenar, aprender, mejorar día a día. Me lo planteé como un reto.

¿Quieres algo de mí? Rétame. Hay una frase mágica capaz de sacar de mí casi cualquier cosa: “no hay huevos”. Pues eso. Me prometí no parar de entrenar, concentrarme al máximo en el juego, en la bola, en el instante presente, y aquí me hallo, enganchadísima. Por fin he encontrado mi vicio. Juego casi todos los días, alguna vez soy la loca que se mete 4 horas al día entre pecho y espalda. Me llaman loca, pero yo me siento genial, hago buenas migas, me lo paso bien y aprendo mucho, de paso.

El padel, un juego de metáforas para la vida

Las reglas del juego no son muy complejas: el éxito depende de la práctica, de que seas capaz de conocer el espacio en profundidad, y de [dt_highlight color=””]adaptarte a la necesidad de cada momento[/dt_highlight]. Bingo: eso último es algo que yo no practicaba apenas en mi vida, y que gracias al pádel estoy incorporando. Ser capaz de fluir con el presente, de adaptarme en lugar de quedarme en la frustración por una idea o un capricho, es mucho más satisfactorio. Es avanzar con el momento. Vivir aquí y ahora.

Si la bola no va donde yo la estoy esperando, ya iré yo a buscarla. Pero quedarme llorando porque no ha venido a mis manos es absurdo, ¿no? La clave es seguir dándole, mantener el juego activo, hasta tener la ocasión de marcar el punto.

El sexo del padel

Es muy distinto jugar con chicos, con chicas y partidos mixtos. Las chicas son más lentas en el juego -al menos el que yo hasta ahora he probado- y a su vez dan golpes más inteligentes, por lo general. Los chicos tienen más agilidad para correr y llegar a cualquier parte, pero a menudo se dejan llevar por la emoción y al dar con rapidez y fuerza a la bola se les va y terminan perdiendo el punto. Eso sí, los puntos que marcan son más contundentes. Los partidos mixtos son un intermedio, tenemos ingredientes femeninos y masculinos.

IMG_20141106_105158
Foto por cortesía de Ángel Sánchez

Personalmente avanzo mucho jugando con chicos, ya que me obligan a abrir los sentidos al máximo y extremar la concentración. También me gusta el nervio, la velocidad, y soy un poco bruta, todo hay que decirlo.

En los partidos con chicos todo sucede mucho más rápido, los golpes son más fuertes -no hay miedo que valga-, pero controlando lo básico y siguiendo la bola en el instante presente descubro que soy capaz de salvar casi todos los golpes, e incluso hacer pupa en alguno. Y digo yo, que si la vida es igual, ¿por qué no voy a ser capaz? Si es cuestión de estar atenta al fluir del juego y de práctica, ¡al lío!

Otra cosa: no hay que dar ningún golpe por perdido hasta el último momento. Puedes creer que has perdido una bola que pasa velozmente (o tú te mueves torpemente a su lado) después de botar en el suelo. Va contra la pared, pero hasta que vuelva a botar por segunda vez en el suelo, tienes otra oportunidad de reaccionar, colocarte bien y sacarla al campo contrario. En esto también me resulta curioso: las chicas -principiantes- dan la bola por perdida en cuanto pasa a su lado. Los chicos la buscan y pelean hasta el final. Y yo soy de no rendirme hasta el final. Es sorprendende lo rápido que puede una darse la vuelta, estirar el brazo y seguir el juego cuando los demás han dado el punto por perdido. Si es que el ser humano es capaz de todo lo que se pronponga, leñe.

La evolución del aprendizaje

IMG_20141102_162401Cuando aún no conoces apenas el juego y no tienes mucha práctica, las frustraciones nos frecuentes. Bolas tontas perdidas, movimientos torpes, te estancas en el suelo o te escurres y caes de culo (¡ay, las zapatillas!), tu compañero y tú vais animosos a por la bola y al final ninguno termina por golpearla… Divertido es un rato, si te sabes reír de ti misma.

En las clases yo voy aprendiendo técnica, y evidentemente, quiero llevarla al juego. Al intentar hacerlo perfecto, el juego se vuelve algo lento, a veces quizá aburrido. Jeje, esas bolas de saque eternas con tal de hacerlo bien…

Me lo paso genial con mi grupito de Geokeda, pero siempre quiero más. Así que busco más jugadores, más lugares donde jugar con gente que tiene un poquito más de nivel. Toca despertar, dar más pasos hacia adelante. El juego se vuelve rápido, ágil, más inteligente. Al principio me siento anonadada. Luego saco la garra que llevo dentro, y sí, ahí está: está en mí. La fuerza, la velocidad, la atención, el cálculo, la capacidad de hacer mucho más.

Y me apetece sacar esa garra y hacerla parte de mí, de mi estilo de juego.Y de vida, por qué no. Esto va de vivir fuerte, ¿verdad? Me gusta, me siento bien. Así que, en vez de esperar a que otros me marquen el ritmo y esperar para reaccionar, yo también puedo marcar el ritmo. Aflojar la bola y mandarte un globito al fondo si me apetece verte correr o ponértelo difícil en la esquina, o hacer un buen remate cuando vea un punto a huevo. Hay momentos para todo, ¿verdad?

De momento ya voy a por mi primer RDP de 3ª. Lo mismo me funden, pero una cosa es segura: me divertiré jugando y saldré con más potencia en mi garra, con más lecciones para vivir, con ganas de echarle más sangre al padel y a la vida 😉

 

Gracias por el vídeo, David. Vaya tesoritos que esconde el iPhone…

Si tú también juegas al padel déjame tus comentarios, será un placer leerte.