febrero 7

Papá, mamá… soy nómada

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He perdido la cuenta de la cantidad de veces que me he mudado de casa. Me faltan dedos, incluso si cuento los de los pies.

También he cambiado muchas veces de ciudad, eso va en el lote. Y lo mejor de todo: sé que, seguramente, seguiré haciéndolo.

Si dicen, que digan…

Me acabo de mudar a Málaga. ¿Por qué? Porque sí. Porque me apetecía un cambio, porque lo necesitaba, porque me sentía estancada, porque ahora estoy a gusto aquí, porque el clima me sienta de lujo, porque estoy haciendo amigos, porque puedo… por qué no.

Hasta hace poco creía que esta necesidad de cambio casi constante era un signo de inestabilidad interior mío, que no terminaba de encontrar mi sitio, que cogí esa costumbre desde pequeña con las interminables mudanzas que viví en familia y no he sabido asentarme en un lugar…

Nunca ha faltado gente que me diga: «¿cuándo vas a estabilizarte y a tener los pies en la tierra? No se puede estar todos los días marchando.»  En cierta forma eso me hacía sentir mal. Cuando me dicen ese tipo de cosas siento que no va conmigo, que no es eso, aunque no sabía dar una respuesta contundente. Hasta hace unos días.

Recuerdo aquella vez, recién independizada -vivía en Granada por aquel entonces, año 2008-, cuando les dije a mis padres que me iba a vivir, a estudiar y trabajar a Madrid. Me hicieron sentir como si se me hubiera ido la olla: «¿Madrid? ¿Y dónde irás cuando te canses de Madrid, a Estados Unidos, a Canadá…? Tú tienes mucha sed de mundo…». Pues mira, por una vez tengo que darle la razón a mi padre. Sólo que ahora saber eso no me hace sentir mal, sino orgullosa.

nomada digital

Darme cuenta de que soy nómada es como salir del armario otra vez

Darme cuenta de que soy nómada es como salir del armario otra vez: me da tanta libertad ser yo misma aceptando cómo soy y sabiendo que eso no me hace mejor o peor que nadie. Que es una forma de ser que no tengo que cambiar. Simplemente tengo unas necesidades y estilo de vida distinto al de la mayoría.

Darte cuenta de que eres nómada es como salir del armario: hay chicas que saben que son lesbianas desde muy jóvenes, y otros nos dimos cuenta a los 24. Pues sí: he sido nómada toda mi vida y lo he sabido a los 31. Dicen que más vale tarde que nunca, si la dicha es buena 🙂

Los síntomas del nomadismo

Observando mi estado de ánimo cuando permanezco por una larga temporada en un lugar, me ha dado cuenta de que entro en una espiral de aburrimiento, desganas y depresión que se convierten en un pozo que me arrastra a mí con todos mis proyectos.

Me considero una persona que nunca deja de cambiar, y para mí el cambio no siempre es señal de inestabilidad: más bien es evolución.

Todo lo que sea nuevo, me hace sentir viva, prestar más atención a la vida, descubrir la belleza de cada detalle,cada lugar y cada momento único, incluso aquello que otros están acostumbrados a ver o les parece desagradable.

Sólo tenemos una vida, y andan diciendo por ahí que tenemos que elegir una cosa a la que dedicarnos, un lugar donde vivir… ¿sólo uno? ¿Por qué, dónde está escrito eso? Yo quiero conocer mundo, quiero hacer una amplia variedad de cosas a lo largo de mi vida, no limitarme a una sola… ¿Por qué tendría que conformarme?

[dt_quote type=»blockquote» font_size=»normal» animation=»none» background=»plain»]Siento que viajar me despierta, me hace estar alerta, me activa, acelera mi mente… Descubrir tantas cosas, lugares y personas nuevas, multiplica mi potencial mental.[/dt_quote]

Por fin lo tengo claro: si necesito tener un lugar de referencia, ése será mi campamento base, pero no me pidáis que a nivel interior me sienta atada a un solo lugar. Podré tener una casa en Málaga, como la tuve en Córdoba, Madrid, Granada… pero volaré. Viajaré. Seguiré descubriendo sitios nuevos. El mundo es muy grande como para quedarse encerrada sólo en un rinconcito.

Envidio (de momento, que ya prontito los estaré imitando) a esos chavales, tan cercanos como un compañero de coworking, que viven viajando y traviajando por el mundo, que hoy están en Córdoba, mañana en Miami, Nueva York o San Francisco, pasado mañana asisten a un evento en Valencia y al otro día de nuevo los tienes al lado disfrutando de un buen desayunaCo (*dícese de los pedazo de desayunos que se montan en coSfera). Luego se van de vacaciones a Cuba o Thailandia, y no notas que sientan esa inestabilidad o desarraigo del que hablan otras personas.

Y yo aquí partiéndome la cabeza con la puñetera inestabilidad, cuando resulta que las veces que me echo mi mochila al hombro para viajar e improvisar, trabajando en un banco en un parque o frente a la playa me siento de puta madre. Yo también soy nómada mochilera. No necesito más.

¿Eres nómada? No estás sola/o.

Mi teoría sobre el nomadismo

Llevo un tiempo tomando perspectiva de la historia de la humanidad y siendo consciente de esta nueva moda de traviajar y los nómadas digitales, y cada vez estoy más segura de que estamos ante un momento de evolución evidente.

nomada digital
Fotografía original de nomadadigital.com

Nuestros antecesores primitivos eran nómadas por necesidad de encontrar alimento y refugio. Según empezaron a crear inventos fueron estableciéndose hasta ser una sociedad sedentaria, rodeada de cada vez más comodidades, que es en la sociedad en que hemos nacido todos nosotros.

Ahora, como humanidad, estamos rompiendo las barreras que creamos fruto del sedentarismo: gracias a la tecnología que avanza a un ritmo vertiginoso, a internet, a nuevas posibilidades de generar ingresos con trabajos que no existían antes y que te limitan a hacerlos en un lugar; gracias a los medios de comunicación y la velocidad de los medios de transporte actuales, muchos límites están cayendo.

Estamos siendo testigos del calentamiento global, de las consecuencias negativas de las acciones irresponsables de la humanidad con la naturaleza y tomando consciencia de que este es nuestro hogar y debemos cuidarlo. Poco a poco pasamos del contraste de ciudades superpobladas a la vida rural, otra vez, pero ahora con muchos más conocimientos sobre el medio que nos rodea y con nuevas herramientas que nos permiten seguir llevando una vida cómoda.

Cre, por lo que observo, que la humanidad (o al menos una parte) está volviendo poco a poco al nomadismo. Quién sabe: lo mismo dentro de 100 años la humanidad se dividirá en dos clases: nómadas y sedentarios. Los que prefieren una estabilidad y seguridad vinculados a un lugar físico, y los que nos sentimos más aventureros y fluimos con la naturaleza viviendo constantemente experiencias nuevas.

Esta perspectiva que explica muchísimas cosas sobre distintas formas de pensar de la gente.

No es lo mismo viajar que ser nómada.

Viajeros siempre ha habido y seguirá habiendo, más aún con las facilidades que hoy nos dan los medios de comunicación y de transporte, cada vez más al alcance de cualquier bolsillo. La velocidad con la que se puede organizar un viaje y llegar de una punta del mundo a otra es acojonante.

Hace sólo 200 años era impensable cambiarse de país o continente, salir a explorar otro lugar por gusto, por vacaciones o por cambiar de modo de vida. Hoy se tarda sólo unas horas en conectar continentes y culturas tan diferentes…

Hay algo que hace inconfundible a nómadas y viajeros:

  • el viajero sale a forma de escape, para desconectar de su rutina, quizá para explorar mundos nuevos para saciar un poco de curiosidad (o por simple postureo, jajaja, de todo hay)
  • el nómada necesita estar en movimiento y formar parte del lugar donde va. No está «deseando volver», porque allá donde va, está su hogar.

[dt_quote type=»blockquote» font_size=»normal» animation=»none» background=»plain»]Mi hogar está allí donde estoy yo[/dt_quote]

Muchas series y películas de ciencia ficción futuristas reflejan sociedades nómadas, con asentamientos temporales. Yo que soy fan de Revolution, Divergente o Insurgente, por ejemplo, lo veo bastante claro: son nómadas esos personajes que, aunque tienen unas raíces vinculadas a un lugar, viven adaptándose al día a día. Se conocen a sí mismos, conocen las leyes de la física y de la naturaleza y evolucionan con ella.

Son nómadas aquellas personas que, si un día tienen que abandonar un lugar, están acostumbrados a decir adiós sin tanto dolor. Saben dejar ir a las cosas y a las personas. Saben que no se puede planear todo, son flexibles. Saben que, cuando dejan atrás un lugar, después la vida les seguirá sorprendiendo, y que la mejor forma de controlar la vida es dejarte fluir con ella.

Pero las personas que tengo como referencia no son personajes de ciencia ficción. Hay nómadas de carne y hueso, muchos. Quizá te suenen, por ejemplo, Ángel Alegre o mi colega Antonio Gé. Y puedes tirar del hilo, que hay muchísimos más, como Diana Garces de  Traviajar.es, Víctor de Surfeatuvida.com, Hana Kanjaa, los chicos de DNomad.Club, Nelson Mochilero y tantos más… Seguro que conoces a alguno o eres uno de ellos, espero leerte en los comentarios 😀

¿De dónde eres?

La pregunta del millón. Para mí esta pregunta, a estas alturas de la evolución humana, está un poco fuera de lugar. Cuando me preguntan de dónde soy, termino respondiendo con el estribillo de la canción:

[dt_quote type=»blockquote» font_size=»normal» animation=»none» background=»plain»]Yo no sé de dónde soy, mi casa está en la frontera ;)[/dt_quote]

Si cuando me preguntas eso quieres preguntar que dónde nací te diré que en Granada. Pero ni tengo recuerdos, apenas estuve allí dos años.

Si te refieres a dónde me crié, viene a ser Pozoblanco.

Pero resulta que luego me fui a estudiar a Granada, Salamanca, Madrid, y he estado temporadas también en Asturias, Valencia, Córdoba, ahora Málaga, y aunque no he vivido en el extranjero, tengo amigos y compañeros de todas partes del mundo (Venezuela, México, USA, Centroamérica, Australia, Turquía, Rusia, Canadá…), tanto que ya a veces no sé qué idioma hablo, o suelto la expresión que mejor expresa lo que siento en el momento. Ni modo.

No me gusta limitarme a un solo lugar. Me siento cuidadana del mundo, y en cada lugar por donde paso hay un cachito de mi corazón.

[dt_quote type=»blockquote» font_size=»normal» animation=»none» background=»plain»]¿Eres nómada también? ¿Cómo te sientes, y qué respondes cuando te hacen esta pregunta?[/dt_quote]

Otra pregunta del millón: «A qué te dedicas?»

Que te cuente su experiencia Aniko Villalba, directamente. Me pasa algo parecido, jajaja:

 

Lo que me enseñan las mudanzas

¿Quién inventó las cosas? Osú… Cada mudanza es una odisea, aunque voy aprendiendo y cada vez me mudo más rápido. Es genial cambiar de casa a menudo, así no acumulas cosas inútiles o que llevas años sin usar. Aunque otras veces, sobre todo cuando empiezas con una pareja, lo que haces es acumular 🙁

Por otro lado practicas el desapego, quizá más de lo que quisieras. Está bien reciclar libros, tirar tus viejas libretas o donar ropa usada, pero cuando tienes que deshacerte de tu bici, de tu guitarra, de colchones y muebles que no vas a usar o no puedes trasladar, es un dolor de cabeza, jeje.

Luego comprendes que las cosas materiales sólo son herramientas, y que puedes prescindir de la inmensa mayoría de ellas. Bicicletas y guitarras hay en casi todas partes, ya volverás a encontrar una. Cuanto menos peso en la mochila, mejor. Total, no te vas a llevar nada el día que te mueras. Eres tú, no las cosas que tienes. Qué sensación de libertad tan real y palpable…

superación personal

Tengo un lema: «lucha por tus sueños con todas tus fuerzas, y el universo entero conspirará a tu favor

Que viene a ser lo mismo que decirte que, si de verdad quieres algo, no te preocupes ni gastes energías en buscar cómo lo harás. Ponte en marcha, y verás cómo las cosas van surgiendo por el camino. Atrévete a probarlo, y te aseguro que fliparás.

En mi última mudanza, que además ha sido express, tomé la decisión e hice el traslado en un tiempo récord: menos de una semana. Con la certeza del cambio que quería dar y sin saber dónde meter mis cosas, cómo hacer el traslado, ni si iba a tener que pagar más meses de alquiler a pesar de haberme ido, por avisar con tan poco tiempo de antelación (cosa que me parecía lógica, era mi responsabilidad).

Pues esto pasó: al día siguiente de avisar a mi casero de que me mudaba, apareció una chica interesada en el piso para entrar en 6 días. Yo estaba de visita en Málaga, así que terminé unos trabajos que tenía pendientes, y me fui para desalojar el piso en 2 días. Antes de salir del piso logré vender la pieza más grande que me preocupaba. Unos amigos me ofrecieron prestada una furgoneta y un espacio para dejar las cosas mientras se van vendiendo o las voy trasladando.

Y gracias a la hospitalidad de amigas como Sofi tengo la tranquilidad de tener un techo y estar en buena compañía, mientras vuelvo a trabajar duro para generar los ingresos que me permitirán continuar con mi transición al estilo de vida que quiero.

La estabilidad de lo temporal

[dt_quote type=»blockquote» font_size=»normal» animation=»none» background=»plain»]Estoy en una situación temporal, alojándome en un lugar de paso, viviendo con lo básico, y me siento libre y estable.[/dt_quote]

En situaciones así, donde otros se echan las manos a la cabeza y ven un problema, es cuando yo me centro en mis objetivos y trabajo duro por ellos.

En momentos como éste, es cuando consigo las cosas que me propongo. Porque es cuando sólo estoy conmigo misma y no pueden existir las excusas de un entorno que me condicione.

Por esto y por mucho más, me gusta ser nómada.

El precio de la libertad

Como todo, la vida nómada no sólo tiene pros, sino también algunos contras. Aún así, sé que merece la pena.

Una desventaja que le veo es lo difícil que se hace encontrar una pareja que comparta o al menos respete y apoye este estilo de vida.

torrecilla-pensando
Foto de Carlos y Ana Gómez, en nuestra ruta hacia el pico Torrecilla

No siempre coincide que la persona a la que quieres quiera compartir viajes y aventuras contigo, o que prefiera quedarse y continúe sus proyectos mientras estás fuera y confíe plenamente en ti. Que estén tan seguras una de la otra.

Entiendo que no todo el mundo vale para eso. Al menos yo no he tenido suerte con eso hasta ahora, y me ha servido para aprender. Eso sí: cuando pasa, cuando dos personas así coinciden, tiene que ser la bomba. Me imagino el nivel de complicidad, y yo quiero algo así 🙂

Sé que no es imposible: he visto algunas parejas que viajan juntos, que incluso dan la vuelta al mundo. He conocido familias que viajan con sus niños. Comparten una visión similar de la vida y se saben adaptar en equipo a ella.

Si ya es poco habitual que una persona aprenda a fluir con la vida, imagínate un equipo de dos o más. Saber que es posible, me da esperanza.

Otra de las cosas que duele es tener a ciertos amigos lejos, no poder quedar o bajar a cenar con ellos cada vez que te gustaría compartir algo, echar un rato… aunque por otro lado, tienes la libertad de hacerles una visita sorpresa de vez en cuando, en este mundo ya está todo al lado 😉

El precio de ser nómada, a veces, es estar más sola de lo que quisieras. Pero sólo a veces.

Nómada, mochilera… llámalo como quieras

Te dejo con este vídeo de Nelson Mochilero, que expresa las inquietudes de un mochilero o nómada, tal y como me siento yo:

 

¿Y tú, eres nómada? Cuéntame en los comentarios: ¿cómo te sientes?

 


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Hello world!

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  • Hola Clara me ha encantado el artículo. La necesidad de sentir esa libertad nómada, viajes o no viajes, luego ya es decisión de cada uno, es súper necesaria para las mentes y los culos inquietos.
    Hay gente que se rebela ante lo que dicta la sociedad y gente que sigue al rebaño por inercia, yo prefiero ser de los primeros y decidir por mi mismo lo que quiero hacer con mi vida.

    Enhorabuena por el artículo y gracias por mecionarme 😀

    Un abrazo!!

    • Claro que sí Victor! 🙂 En un encuentro online que hicimos, hablando sobre salir del espacio de confort, decidimos que cada invitado escribiese la primera palabra que le viniese a la cabeza. Fue increíble, todos coincidimos: INCONFORMISTAS! 🙂

  • Hola Clara!
    Me ha impresionado tu artículo. Ha sido como leer mis propios pensamientos, aunque mejor estructurados jeje
    Comparto la idea de diferenciar el hecho de viajar y el estilo de vida nómada. En mi caso particular, me siento completamente identificada con el segundo caso, y quizás no tanto con el primero.
    Empecé a viajar y a participar en voluntariados en el extranjero para, de alguna forma alejarme del sistema que me agobiaba y encontrarme a mí misma de forma más real. Pero estar en continuo movimiento me satura demasiado y no me permite sentirme realmente que estoy «en el lugar», siento que estoy siempre de paso. Y de alguna manera, no me siento en total armonía conmigo misma.
    Por otro lado, tampoco soy capaz de estar en un mismo lugar durante demasiado tiempo.. así que entiendo lo que dices sobre las mudanzas. Me han enseñado mucho a mí también. Cuando tienes que meter tu vida en una maleta o en un par de cajas, te haces preguntas que no surgirían en cualquier otro contexto. ¿Qué es realmente importante? ¿Qué necesito de verdad para vivir? Y al final te das cuenta de que la mayoría de cosas que tienes, ni siquiera son importantes para ti. Que al final, eres tú y el mundo. Tu tiempo, la vida que tienes por delante, y lo que quieras hacer con ella.
    Un placer encontrar tu blog,
    un abrazo!!
    Anna

    • Qué bueno encontrar a gente como tú, Anna 😀

      Entiendo también eso que dices de que estar en contínuo movimiento llega a saturar y también quiere una sentirse parte del lugar, al menos por un tiempo. Yo acuñé una frase, y ahora la uso mucho: ese lugar que quiero tomar como referencia para sentir algo de estabilidad, lo llamo CAMPAMENTO BASE. Y los campamentos, como su nombre indica, cada cierto tiempo se levantan y se montan en otro lugar 😉 Ahora mismo mi campamento base está en Málaga, y dentro de unos meses o años, Dios sabrá. Si te sirve un poquito, a mí esto sí me ha dado más tranquilidad. En el fondo tenemos cierta necesidad de ponerle nombre a las cosas, aish…

      Uf, y cuánta razón tienes con lo relativas que son las cosas. En mi caso lo más importante eran estos últimos años para mí la guitarra, la bici y mi escritorio/zona de trabajo. Ahora voy aprendiendo que, si no puedo moverlos conmigo, puedo volver a encontrar otros cuando cambio de campamento. Vamos siendo expertas en esto del comprar y vender cosas de segunda mano, jeje.

      Un placer conocerte, Anna, a ver si en alguna ocasion coincidimos en persona, así te puedo dar un abrazo de los de verdad. Cuídate mucho!

  • ¡Qué gran artículo Clara! 🙂 Se nota que tienes corazón nómada. Transmites muy bien esas sensaciones que a veces son difíciles de explicar. En mi caso particular los inicios también fueron difíciles. Nadie te comprende, todos te muestran lo «loca» que estás y te cuestionan porque tienes que ser tan insatisfecha y querer siempre más y más. Hoy me doy cuenta que eso, realmente, es una virtud. Es la constante insatisfacción del ser humano. Por suerte hay algunos de nosotrxs que seguimos sintiendo esa llamada interna, ese no querer quedarnos con lo que conocemos, querer evolucionar y vivir según nuestras decisiones. Porque sí, sí se puede, sí es real 🙂

    • Te voy a empezar a llamar Esme de cariño, si me dejas, qué gusto haberte conocido y qué ganas de desvirtualizarnos prontito 🙂

      Tienes razón, esta forma de ser es una virtud, menos mal que la intuición nos va indicando por dónde queda la libertad (que cada uno la siente de una forma y no son unas mejores que otras). Eres uno de esos primeros espejitos que he empezado a ver siendo consciente de esta bendita «enfermedad» llamada nomadismo… Gracias por estar ahí! Y por liarla tan parda con los retreats, jajaja, cómo mola…

  • Hola Clara ! Me he sentido super identificada… yo me he cambiado de casa unas (espera que cuente) 15 veces. Ya de niña parece que lo de ser nómada me lo inculcaron pero en esos momentos lo odiaba, TEMÍA LAS MUDANZAS. Eran mi peor pesadilla porque siempre perdía juguetes 🙁 Lo extraño es que con los años yo misma he optado por ese sistema de vida pues tras 3-4 meses en un lugar me aburro muchísimo. Siento que pierdo la vida, que estamos aquí para algo más que trabajar y pagar facturas… y claro, también me toman por loca… Pero bendita nuestra locura si nos hace felices. Un saludo !!

    • Jajaja, dichosa tú que puedes llevar la cuenta de las mudanzas, jeje… Es verdad, siempre se pierden cosas, aunque no sé tú, pero yo me he sorprendido que hasta después de semanas o meses de no ver algo, no caigo en cuenta de que está perdido. Supongo que es parte del desapego que nos va dando esta vida, y la práctica. Fíjate que llevo aquí en Málaga viviendo con lo puesto y pocas mudas más ya mes y medio, y estoy tan a gusto 😀 Tú lo has dicho, la vida tiene muchas cosas que saborear. ¡Orgullosas de estar locas! 😀

  • Cómo me identifico Clara!! Cuando por fin me di cuenta que no por ser Nómada tenía que traer algún fallo de fábrica, y sobre todo, cuando me di cuenta, un año viajando por Bali y Tailandia que había toda una revolución nómada, una tribu en toda regla de nómadas con los que me sentía como pez en el agua y dejé de sentirme tan bicho raro, qué liberación!!! Yo, si incluso pasaba demasiado tiempo en lo que llamo «mi cuartel de operaciones», pues me mudaba por el simple placer de cambiar de aires aunque fuera en el mismo lugar («ahora voy a vivir mas cerca del mar»por ejemplo jeje)… ahora te escribo desde Málaga! llegué ayer y estaba pensando que podría ser un buen lugar para mudarse y vivir una temporada.. llevo tan sólo 3 meses en Barcelona después de otro «cruce de cables» así que estaba con mis dudas… cuando empecé a leer tu post… ¿Señal del Universo? jeje
    Un abrazo y gracias!!!!!

  • Pues qué te digo! Yo soy nómada, me encanta vivir en diferentes sitios!

    Pero cuando tenes hijos y estás divorciada, tú ex marido puede llevarte a corte por «inestabilidad»! Y las cortes le escuchan!!!!

    Mis hijos están bien y son felices! Han vivido y viajado! Cosa que sus sus compañeros probablemente no no lograrán hacer en toda una vida. Tienen un respeto por las diferencias culturales, que otros padres desearian que sus hijos tuviesen! Mis hijos no hacen bullying a nadie, desde temprano aprendieron que el mundo está lleno de bellezas y distintos matices. El peque tiene 3, no sabe en qué país está, pero sabe distinguir lo que le gusta o no. La grande, tiene 8. Ella hace mil preguntas, ama viajar. Hace amigas y es feliz con su hermano.

    Mis hijos van a la escuela, normal con otros chicos. No me he mudado de país en 5 años, pero nos hemos cambiado de casa…

    Y en 5 años, me han llevado a corte 4 veces… diciendo que soy inestable. Por mudarme de casa o de ciudad….

    Así que les recomiendo, no divorciarse si se dan cuenta que se casaron con un loco y controlador, porque divorciados les hará la vida imposible si son nómadas como yo…

    • Vaya, un caso curioso el tuyo, y muy valiente también, oye. Creo que gente intolerante siempre nos encontraremos en la vida: a veces nos afectará más de lejos y otra puede ser el padre de tus hijos… Pero oye, a día de hoy hay montones de estudios que demuestran los beneficios que viajar y conocer culturas tiene para los niños también, y no están solos, van contigo… Desde mi ignorancia, creo que si les hacen un test psicológico y pueden demostrar que están muy bien, te dejará de molestar. Espero al menos que se canse, porque la cabra siempre tira al monte y eso como que no se cambia porque sí, ¿verdad?

      Mucho ánimo, no dejes que esas cosas te tumben, que imagino que no debe ser fácil tampoco. Y me alegro de conocerte aunque sea por aquí, muchas gracias por animarte a dejar tu comentario 😀

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